B.S. era sempre stato un tipo sveglio, fin da bambino, uno che sapeva “far di conto” e aveva occhio per le novità, aveva presto imparato che l’abilità nel gestire le informazioni e la buona comunicazione erano requisiti utili, per no dire indispensabili, per intraprendere una florida carriera nel mondo degli affari.
Per questo era stato uno dei primi in paese a dotarsi del telefono in casa, uno dei primi a dotare il negozio di un moderno banco frigo, aveva acquistato un furgone per il trasporto delle merci, queste cose gli erano valse la reputazione di uno all’avanguardia e buoni riscontri economici in banca.
Ma nelle ultime due decadi avevano consumato le sue energie, si sentiva sempre più stanco, gli mancava sempre più la voglia di innovare e rinnovare non era più una priorità. Non solo l’attrezzatura non vedeva da tanto elementi nuovi ma anzi, faceva fatica a riconoscere che i vecchi utensili erano gravemente consumati e non prestavano un buon servizio.
Manco a dirlo, non arrivò mai a dotarsi di un computer, né mai imparò a usare un telefono cellulare; di queste nuove diavolerie ora aveva quasi paura. Pareva che tutto d’un tratto volesse solo che le cose rimanessero congelate, immutate, per sempre! Per questo iniziò a pregare costantemente Cristi e Madonne, anche se fino ad allora era un non praticante, quasi ateo.
La paura del nuovo e del dover cambiare lo spaventava, si rifugiava nei bei ricordi dei tempi andati, la memoria del passato remoto era solida e pensare alle vecchie certezze lo faceva sentire a suo agio, mentre gli eventi recenti venivano rimossi e non ne lasciavano traccia, come l’acqua filtrata nella sabbia.
Mi chiedo se sia mai possibile identificare il momento nel quale la Neofobia (la paura del nuovo) si sovrappone alla Neofilia (la voglia d’innovazione) quando si supera il confine tra la fine della Neofilia e l’inizio della Neofobia. I tecnici comunque parlerebbero del tempo 0 (timezero) di un decorso degenerativo graduale e progressivo delle funzioni superiori o, se volete il punto d’inizio della Demenza. Personalmente vorrei continuare a definirlo come un caso di Artrosi dell’anima.
B.S. había siempre sido un chico listo, desde muy pequeñito, aprendìò temprano a tener las cuentas y sobre todo las novedades llamaban mucho su atenciòn; entendìa como la comunicaciòn y la eficacia en los contactos fuesen un elemento de èxito en el mundo de los negocios.
Por esta razòn fue uno de los primeros en el pueblo a instalar el telèfono en casa, a dotar el almacén con un mostrador refrigerado, a comprar el furgón para transportar las mercacìas. A crearse una reputaciòn como una persona a la vanguardia con una nutrida cuenta en el banco.
Mas las ùltimas dos dècadas habìan minado sus fuerzas, se sentìa cansado, y sobretodo se habìa apagado la llama de renovaciòn e implementaciòn, no solo no miraba ni compraba instrumentos nuevos, mas bien, no lograba reconocer que las viejas herramientas y estructuras se habìan gastado y en muchas ocaciones , no podìan màs.
Lògicamente, –como si esta cosa fuese lògica-, no llegò nunca a dotarse de un ordenador, ni aprendiò a usar el telèfono movil; aquellas diabolerìas lo atemorizaban. Parece ser que prendìa solo que: el mundo parara allí, y todo permaneciese inmutado e inmutable, para siempre; dicha peticiòn la repetìa constantemente en plegarias a santos y vìrgenes, aùn cuando siempre hubiese sido cristiano poco practicante, pràcticamente un ateo.
Ahora le tenìa miedo –al Nuevo-, su memoria parecìa mantener sòlidos solo los recuerdos lejanos, que lo tranquilizaban, mientras los datos se esfumaban muy pronto con los hechos recientes como agua en la arena.
Creo personalmente que nadie logre definir los confines entre la Neofilia: la pasiòn por las novedades y la Neofobia: el temor o la negaciòn de las cosas nuevas. Los tècnicos ,de todas maneras, hablan de –la hora cero- en el proceso de gradual decaimiento de las funciones superiores o màs facilmente de el Inicio de la Demencia; yo sigo pensando que se trata de un caso de Artrosis del Alma.


No lo había oido nunca, lo de artrosis del alma, pero ahora que lo dices creo que conozco a muchos así.
RispondiEliminaUn abrazo.
Supongo que, con el tiempo, algo así nos puede ocurrir a todos.
RispondiEliminaBiquiños.
Carmen.
¿Artrosis del alma... o al final se dio cuenta de que con el paso del tiempo y la experiencia tanto aparato tecnológico no serviría para frenar los problemas típicos de la edad?
RispondiEliminaQue tengas una buena semana, Blas!
Querido Blas, o caminho da humanidade é traçado neste conto bem elaborado, o tempo, a curiosidade da juventude, a acomodação nas 'conquistas' perdendo o interesse pelo que está a surgir, novas tecnologias...e o tempo, este senhor que nos dá vida e morte, saúde e artrosis del alma? E assim poderemos ficar, lembrando vivamente o passado distante e não lembrar de ontem.
RispondiEliminaps. Um imenso abraço caro amigo.
blog do Jair ou histórias de músicas e pessoas
Creo que es un ciclo natural, con el empuje y la fuerza de la juventud uno es progresista y temerario, con los años y la perdida de las fuerzas, así como con lo ganado, uno se hace conservador, cauto y desconfiado.
RispondiEliminaUn abrazo.
O quizás el ciclo natural de la vida.
RispondiEliminaNo digo que debe ser así, pero a medida que pasa el tiempo uno va cediendo un poco más a los temores.
Abrazo!
Conozco a muchas personas que tienen esta enfermedad y son muy malas.....ahora las entiendo estan enfermas...
RispondiEliminaun fuerte saludo
fus