Un filosofo che ha catturato la mia attenzione negli ultimi tempi è Hegel. Questo grande personaggio viene definito come “l’ultimo dei filosofi storici” vale a dire uno studioso del pensiero e della ragione che basavano le sue teorie nello stretto rapporto fra Filosofia e Storia.
Hegel era convinto di trovarsi a vivere la fine della civiltà occidentale. Il tempo non gli ha dato, fortunatamente,ragione ma comunque rimangono validi i suoi postulati di ciclicità nei quali storicamente si alternano i governi e i regimi, in un modo costante e infallibile, da sempre, in tutte le epoche e in tutte le latitudini.
Secondo Hegel la cultura umana segue un “andamento Heliodromo” essendo nata in oriente (China, India e Persia) e poi diffusa verso occidente, radicandosi in Europa dove, secondo lui, si trovava allo stadio conclusivo.
Recenti accadimenti nella denominata “primavera araba” trovano una interpretazione secondo gli schemi Hegeliani mostrandoci che, laddove si conclude un regime politico, sopravviene un altro, normalmente in un contesto bellicosoe distruttivo. Come già successo nell’Europa del secolo scorso, così succede oggidì nella costa sud del Mediterraneo.
La progressione delle diverse tappe storiche comporta: sofferenza, distruzione e morte. In un gioco nel quale non esistono spettatori immuni, ma dove tutti devono prima o poi sporcarsi le mani. Hegel denominava questo “il bancone del macellaio”. Le immagini e i riassunti giornalistici che riceviamo in questi giorni dalla Tunisia, dall’Egitto e dallaLibia ci rendono più chiari questi concetti, riportandoci allacruda e violenta realtà della guerra, in processi che qualcuno denomina “missioni di pace”.
Un altro aspetto degli scritti Hegeliani è la stretta interrelazione fra il padrone e lo schiavo, in quanto ognuno dei due protagonisti esercita sull’altro un potere condizionante. Questa relazione esiste e la si ritrova presente nei governanti–dittatori e statisti che detenevano il potere e il popolo in uno stato di assoggettamento ubbidiente, come si è visto di recente una volta rotto l’equilibrio preesistente
Hegel inoltre nutriva estrema ammirazione per Napoleone che lui definiva come “lo spirito dell’Europa” mentre lo osservava compiere la sua campagna di colonizzazione e formazione dell’impero. Il paragone con la politica estera attuale ci porta ad attribuire agli eserciti dell’Alleanza (America & friends) questo compito “di neo custodi e diffusori del nuovo spirito umano occidentale”.

Un Filósofo que ha capturado mi atención recièntemente ha sido Hegel. Autor definido como “el ùltimo de los filòsofos històricos”, o de los que han basado sus teorìa y estudios en una estrecha relaciòn entre filosofía e historia.
Hegel estaba convencido de vivir los ùltimos dìas de la civilizaciòn occidental, y aunque el tiempo (afortunadamente) no le haya ha dado razòn , nos pone a pensar como las variaciones cìclicas en gobiernos y regímenes sean una regla infalible en todos las épocas y latitudes.
Según Hegel la cultura humana seguía un -andamiento Heliodromo- nacida en oriente (China, Persia e India) se había difundido hacia el occidente para finalmente radicarse en Europa en donde según èl se habrìa concluido su ciclo.
Acontecimientos recientes en la denominada “Primavera Arabe” pueden ser interpretados siguiendo los esquemas Hegelianos: donde termina un règimen político inicia otro, en un ambiente de guerra y destrucción como ya sucedió en la Europa del siglo pasado, Asì està sucediendo hoy en las costas sur del Mediterraneo.
La progresión de las etapas históricas conlleva sufrimiento, destrucción y muerte. Es un proceso en el que no hay expectadores, porque todos los participantes tienen que (tarde o temprano) : ensuciarse las manos. Es lo que Hegel denominaba: el mostrador de la carnicería. Recientes imàgenes y resúmenes de prensa provenientes de Túnez, Egipto y sobre todo Libia nos traen: la crudeza y violencia de la guerra, en operaciones que algunos denominan “misiones de paz”.
Un aspecto que llama la atenciòn en sus escritos (siempre de Hegel se habla) es la estrecha relación que corre entre el señor –amo- y su esclavo, en cuanto cada uno de los dos protagonistas ejercita sobre el otro un poder. Existe una relación de interdependencia. Así ha sucedido en los paìses norafricanos en donde los gobernantes –dictadores y estadistas- que detenian el poder absoluto y el pueblo que los contemplaba y obedecìa.
Hegel admiraba tambièn a Napoleón, al que definía como “el portador espíritu Europeo”, en su campaña de colonizaciòn y expansiòn del imperio. El equivalente actual deberìamos identificarlo al Ejercito de la Alianza (Norteamèrica & friends) : seràn ellos los “nuevos colonizadores difusores del espìritu del nuevo hombre occidental”?



Hola Blas.
RispondiEliminaLa pregunta que haces al final del post: es algo que desde luego no me apetece nada pensar en ello. Solamente me serviría para llenarme la cabeza con las gigantescas meteduras de pata de gobernantes y gobernados que ha habido siempre y de las que tampoco nos libramos en la actualidad. Mi prioridad es el día a día, el aquí y ahora a mi alrededor; pensar en algo tan "alto" sólo me haría perder tiempo, y lo que tengo muy claro es que el tiempo ¡es oro!
Un abrazo.
Biquiños.
Carmen.
Resulta que le tengo un poco de manía a Hegel desde mi época de bachillerato, cuando junto a otros filósofos se empeñó en hacerme la vida imposible, pero el paralelismo entre sus teorías y la realidad actual me parece bastante sólida.
RispondiEliminaUn saludo!
Esto que al final de tu interesante entrada comentas de "los nuevos colonizadores difusores del espìritu del nuevo hombre occidental” deberíamos identificarlo al Ejercito de la Alianza (Norteamèrica & friends), la verdad es que me suena muy mal, me chirrían los oídos al escucharlo, creo que necesitamos una renovación moral completa, basada en otras escalas de valores donde el dinero y el poderío económico no sea el fin a conseguir.
RispondiEliminaUn abrazo.
No sé, sospecho que Hegel ha quedado bastante desplazado en los últimos tiempos. No creo que las cosas en el acontecer histórico sean tan lineales como las que dices que interpretaba Hegel (no conozco mucho todos sus planteamientos, por muy influyentes que fueran en Marx) Las culturas, aunque tengan una parte de expansión más o menos vinculadas al comercio o a las invasiones militares y a las conquistas políticas, son algo más complejo y no se quedan en un reflejo ni directo ni exclusivo de sus lugares de origen. Las civilizaciones y las culturas se hacen y rehacen en función de circunstancias, territorios, evoluciones técnicas y relaciones de poder. Que ese ciclo se terminara en Europa, según él, es una percepción suya, de ese momento en que él vivía. No podía imaginar lo que vendría después, el salto oceánico hacia los Estados Unidos que, aunque en cierta medida traslada la cultura europea, a su vez ésta se reelabora en los nuevos territorios pujantes.
RispondiEliminaTodavía está por ver si los cambios en los países árabes van a reproducir esquemas tradicionales de violencia en la medida en que se consideren nuevos regímenes. Pero esto no es nada nuevo ni necesitamos de un Hegel para comprobar que la cuestión de guerras, sangre, sufrimiento, destrucción, etc. ha sido una constante en todo el mundo, sea cuales fueren las culturas y modos de producción establecidos. Pero cada caso habría que analizarlo en función de su circunstancia particular. Muchos pueblos han sufrido no tanto por el vacío y el enfrentamiento generado en su seno como por el abandono o intervención de las potencias fuertes.
A mí lo que me sigue interesando es cómo la ideología religiosa islamista tiene fuerza y poder para reconquistar el control de los Estados. Es un asunto delicado que se siente ayudado por el crecimiento demográfico enorme. No sé quién dijo hace tiempo que el gran arma de las zonas emergentes del planeta es su superpoblación. Lo que en principio es generador de problemas y hambre en unos casos resulta un arma utilizada por las castas que compiten siempre por hacerse con los poderes de las naciones.
Algo que no debemos olvidar es que siempre está en juego la naturaleza humana (sus deseos de poder, su capacidad violenta, el terror, la represión, etc.) frente a las evoluciones de carácter cultural (políticas, jurídicas, estado del bienestar, expresión, etc.) Creo que a muchos nos preocupa en estos momentos el asunto de la Democracia. Si ha llegado a término o a sus límites en Occidente (y por lo tanto, imaginémonos en otros países para los que Occidente ha sido referencia positiva) cuando se está procediendo a una reinstalación de nuevas formas de poder protagonizadas por entes supranacionales, supraestatales, como son las finanzas, el FMI y el papel de los grandes emergentes (China, India, etc.) Nuevas formas reorganizadas que no van a estar por la labor de una Democracia que evolucione en el seno de la sociedad, que como mucho permitirán una Democracia cada vez más formal y descafeinada.
Ignoro sobre la admiración de Hegal acerca de Napoleón, y aún está por ver si la OTAN tiene una proyección superior a la actual, que ya es mucha. De todos modos, sobre el código de valores de la OTAN habrá tiempo y oportunidad para discutir. Si su carácter es militar y agresivo, como parece que viene siendo, yo tengo claro hace tiempo lo que podemos esperar de ella. Y mi bola de cristal no me habla con claridad sobre cuál va a ser el nuevo espíritu del nuevo hombre occidental.
Un abrazo, y lamento no tener ideas más claras al respecto. No es nada fácil interpretar ni el pasado ni las circunstancias que vivimos.
Hegel afirmaba que había dado con el sistema filosófico perfecto, hoy en día me cuesta pensar que no, pues la ascención dialéctica sigue teniendo vigencia, aunque en las formas las cosas cambien.
RispondiEliminaUn abrazo.
HD
Quiero Agradecer en modo especial a mis amigos:
RispondiEliminaCarmen, IglesiaOviedo, Mercedes, Juan de la Mairena y Humberto por vuestros comentarios.
Encuentro vuestras opiniones muy interesantes que ha enriquecido el texto de mis divagaciones segùn Hegel.
un abrazo
Blas